jueves, 15 de noviembre de 2012

El comienzo de la vampireza.

Años atrás...
Oh, ¡vamos Aldrich!, sólo acompáñame a estas fiestas alguna vez-. Pedía Viktoria a su mellizo, apoyando su hombro en el lumbral de la puerta de aquella silenciosa habitación. -Siempre me dejas sola en éstas situaciones, ¿no puedes hacerme el favor de acompañarme?-. Mintió descaradamente para intentar manipular a su hermano. La verdad era que la joven jamás estaba sola en aquellos eventos; siempre habían personas a su alrededor tratando de acercarse a ella. -De acuerdo-. Dijo por último, observando como su hermano, completamente dentro de su libro, la ignoraba descaradamente-. ¡Pues quedará en tu consciencia!-. Lanzó, actuando melodramática mientras abandonaba el cuarto para refugiarse en el suyo y darse los últimos retoques para la fiesta.
Realmente había sabido que su hermano no la acompañaría, pues él no estaba interesado en esa clase de cosas, pero jamás perdía la esperanza de que tal vez cambiara de opinión algún día y fuese su acompañante. Con sinceridad, ella lo adoraba.

Fiesta...
Luego de un largo viaje desde su residencia, Viktoria se encontraba por fin en el lugar donde todas las personas bien posicionadas y con alto poder inquisitivo se reunían. Los vestidos y trajes a medida, sonrisas forzadas y falsa amabilidad estaban por doquier. Quien no estuviera acostumbrado a ello probablemente saldría corriendo del lugar, pero la menor de los Koenig se había criado rodeada de aquel ambiente, por lo que no se encontraba impresionada con nada de aquello.
Oh, ¡mis sinceras felicitaciones por su nueva adquisición, Mrs. Eckerhardt-. ¿Sinceras?, claro... Sincera hubiera sido si escupiese en su cara que no le interesaba escuchar toda aquella chachara que no hacía más que inflar su ego; pero claro, Viktoria sabía como comportarse y aquella actitud no era bien vista para nadie.
Muchas gracias, querida-. Contestó la mujer, completamente auto-suficiente.- ¡Oh Dios mio!, ¿ha visto a aquel joven?-. Le preguntó, totalmente perdida mirando sobre el hombro de Viktoria.
Ante aquello, la muchacha trató de mirar tras su espalda disimuladamente, pues consideraba de mala educación lo que hacían en ese momento. 
No hizo falta que Mrs. Eckerhardt diera ninguna descripción sobre el recién llegado, pues resaltaba entre la multitud. Era de una belleza indescriptible; de tez blanca nieve, llamativos ojos azules y corto cabello negro azulado. En ese momento sus miradas colisionaron juntas, y el joven le sonrió abiertamente, a lo cual Viktoria no pudo más que devolverle esa sonrisa con una de sus cejas elevada. Aquello por fin se ponía divertido.

 
blog design by suckmylolly.com | Distributed by Deluxe Templates